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La vida de Bugsy. El mafioso que apostó todo al desierto, fundó el primer casino de Las Vegas y fue asesinado en un ajuste de cuentas

Lifestyle 2026-04-24 06:00:06

Benjamín “Bugsy” Siegel fue una figura influyente del crimen organizado que soñó con convertirse en un empresario respetado, pero sus planes no salieron como esperaba

Benjamín Siegel nació el 28 de febrero de 1906 en Brooklyn, New York. Fue el segundo entre cinco hijos de un matrimonio judío inmigrante de Europa del Este. Creció en la pobreza, en un barrio difícil, marcado por la violencia callejera y el peso de las pandillas que habían florecido con los inmigrantes.

Desde muy chico empezó a acercarse al delito. A los once años dejó la escuela y empezó a trabajar, pero enseguida descubrió que había una manera más rápida de ganar dinero. Junto con otros amigos del barrio se estrenó como ladrón, con pequeños botines, y comenzó a extorsionar a los vendedores ambulantes del Lower East Side: les cobraba por “protección” y, si se negaban a pagar, les arruinaban la mercadería, incendiaban el carrito o, incluso, los golpeaban. Los “protegía” de su propia violencia.

Benjamín Bugsy Siegel

Fue en esos años cuando empezó a hacerse conocido por su carácter explosivo y temido por sus arranques violentos. De ahí surgió el apodo de “Bugsy”, de la expresión inglesa “crazy as a bedbug”, que se traduce "loco como una chinche", para describir su temperamento imprevisible y peligroso. Aunque al comienzo el sobrenombre no le importó, con el tiempo lo sintió como una carga.

De matón a figura del crimen organizado

Siegel dio el gran salto con la Ley Seca. En 1920, cuando entró en vigencia la Decimoctava Enmienda (que prohibía la fabricación y comercialización de bebidas alcohólicas con fines de consumo) y la Volstead Act (que reguló su aplicación), se dio el escenario ideal para el contrabando y la expansión del crimen organizado.

Fue en ese contexto cuando Siegel se asoció con Meyer Lansky, un amigo de su infancia. Juntos dejaron atrás el delito callejero y pasaron a negocios “más rentables”, como el contrabando de alcohol, el juego clandestino y otras operaciones ilegales que se extendían entre Nueva York, Nueva Jersey y Filadelfia.

La Ley Seca fue aprobada en 1919 y comenzó a aplicarse en 1920 en Estados Unidos. Sus principales consecuencias fueron el aumento del contrabando de alcohol, el crecimiento de la mafia, la violencia y la corrupción. Fue derogada en 1933

A medida que esas bandas crecían, también cambiaba la lógica del delito. En ese proceso, Siegel dejó de ser un matón para convertirse en una figura importante dentro del crimen organizado. Además, su vínculo con Lucky Luciano, uno de los hombres fuertes de la mafia italiana, ayudó a sellar una alianza entre judíos e italianos.

Con esa asociación construyeron una estructura más amplia, en la que el objetivo ya no era solo dominar una calle, sino repartir negocios, proteger ganancias y evitar enfrentamientos innecesarios entre bandas. A ese entramado se lo conoció como el Sindicato Nacional del Crimen (National Crime Syndicate).

Lucky Luciano y Meyer Lansky fueron dos figuras clave del crimen organizado en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo pasado

Para entonces, Siegel ya había dejado atrás la pobreza de su infancia. Muy atento a su imagen, empezó a lucir trajes a medida, a frecuentar clubes nocturnos y a moverse con naturalidad en un mundo de lujo y exceso. Disfrutaba de la atención que despertaba en las mujeres y, después de las noches de fiesta, solía llevar a sus conquistas al Waldorf Astoria.

En 1929, a los 23 años, se casó con Esther Krakower, su novia de juventud, con quien tuvo dos hijas.

Dentro de ese nuevo esquema, Siegel y Lansky también estuvieron vinculados a una red de asesinatos por encargo en Nueva York, considerada como un antecedente directo de lo que después se conocería como “Murder, Inc.” (Compañía Asesina).

El crimen empezó a funcionar con otra lógica, jerarquizado, coordinado y orientado a proteger el negocio. Y Siegel encajó muy bien en ese mundo.

Rumbo a California

A mediados de los años 30, el asesinato de Tony Fabrizzo, un capo de la mafia, hizo que Siegel quedara demasiado expuesto en Nueva York. Varios enemigos querían verlo muerto. Para alejarlo, Lansky y Luciano lo enviaron a California, allí debía impulsar los negocios del sindicato en la Costa Oeste.

Los Ángeles se convirtió en su nueva base y allí empezó a trabajar con Jack Dragna, el jefe mafioso de la ciudad. La convivencia no siempre fue sencilla, pero terminaron colaborando: Siegel estaba respaldado por dos figuras muy influyentes de la costa este y Dragna sabía que no podía enfrentarlo sin consecuencias.

Siegel era un hombre apuesto y elegante, de ojos azules y rasgos definidos; tenía una imagen seductora y sofisticada que contrastaba con su fama de mafioso violento

En California, Siegel amplió sus negocios en el juego ilegal y las apuestas. Con el tiempo, fue armando su red propia de colaboradores, entre los hombres que lo acompañaron en esa etapa estuvo Mickey Cohen, que después se convertiría en un nombre fuerte del crimen en Los Ángeles.

Pero California le ofrecía algo más que dinero: le ofrecía un escenario. Siegel quedó fascinado con Los Ángeles y, sobre todo, con Hollywood. Tenía carisma, sabía vestirse, disfrutaba del lujo y se movía con soltura entre clubes, fiestas y mansiones. Muy pronto empezó a frecuentar a actores, productores y ejecutivos de los grandes estudios y fue construyendo una imagen tan inquietante como seductora: la de un mafioso peligroso que, al mismo tiempo, parecía encajar a la perfección en ese mundo de glamour y excesos.

Bugsy Siegel era un mafioso estadounidense ambicioso, violento y carismático

Se hizo amigo de famosos como George Raft, Clark Gable, Gary Cooper y Cary Grant. Y cultivó vínculos con hombres poderosos de la industria, entre ellos Louis B. Mayer y Jack Warner. Era conocido por las fiestas que organizaba en su casa de Beverly Hills y se volvió una cara repetida en el ambiente del espectáculo.

Pero esa vida de brillo convivía con otra mucho más oscura. Porque mientras se juntaba con las estrellas de cine, Siegel seguía construyendo poder en los márgenes. Apostaba, negociaba, presionaba y expandía sus negocios. A tal punto que en 1939, Siegel quedó acusado del asesinato de Harry “Big Greenie” Greenberg, un hombre del mundo criminal que presuntamente pensaba hablar con la policía. Dos años más tarde fue juzgado por ese crimen. Aunque terminó absuelto por falta de pruebas, el caso dejó expuesto su otra vida, para nada glamorosa, en Los Ángeles.

El gran sueño: Las Vegas

Sin embargo, en su interior, Siegel quería algo más. Soñaba con convertirse en un hombre de negocios legítimos y fue a mediados de los años 40 que creyó encontrar esa posibilidad en Las Vegas, una ciudad todavía chica, que para muchos no era más que un rincón perdido del desierto, pero que para él ya prometía grandeza.

El hotel Flamingo fue inaugurado por Bugsy Siegel en diciembre de 1946

Lansky lo había enviado a analizar las posibilidades de la zona y fue allí donde se cruzó con el proyecto que William R. Wilkerson, fundador de The Hollywood Reporter, había empezado a levantar sobre la Highway 91. Wilkerson quería construir un resort elegante, distinto de los viejos casinos del Oeste, pero se había quedado sin dinero. Siegel entendió enseguida que ahí había una oportunidad poco común: entrar en un negocio ambicioso, visible y, al menos en apariencia, respetable.

Cuando Siegel tomó el control de la obra, quiso convertir al lugar en algo fuera de común para la época. No le alcanzaba con un casino en medio del desierto: quería un hotel elegante, moderno, con comodidades y detalles de lujo que atrajeran a grandes jugadores, gente rica y figuras de Hollywood.

Hotel Flamingo actualmente, un símbolo de Las Vegas

El nombre que eligió, también tenía una historia. Siegel lo bautizó “Flamingo” —flamenco, en español— por el apodo que le había puesto a su amante, Virginia Hill, por sus piernas largas.

Sin embargo a medida que avanzaba la obra, también crecían los problemas. Los planos cambiaban, los gastos se acumulaban y el presupuesto se disparaba hasta rondar los seis millones de dólares. Entonces empezó a crecer la desconfianza entre quienes ponían el dinero (en su mayoría, amigos de la mafia): algunos ya sospechaban que Siegel no solo estaba gastando de más, sino que también podía estar quedándose con parte de esa plata. Paradójicamente, lo que debía ser su gran oportunidad empezó a volverse una amenaza.

La brutal caída

Cuando el Flamingo abrió sus puertas, en diciembre de 1946, nada salió como Siegel había planeado. La inauguración fue un desastre: faltaban partes del hotel por terminar, la organización fue caótica y la recaudación estuvo muy por debajo de lo esperado. A los pocos días, el lugar tuvo que cerrar para corregir errores y completar obras, pero para entonces el daño ya estaba hecho. Entre los hombres que habían financiado el proyecto ya se había instalado una sospecha difícil de desactivar: algunos creían que Siegel había perdido el control; otros, que además les estaba robando.

Aún así, Siegel no estaba dispuesto a renunciar a su sueño. Seguía convencido de que, con un poco más de tiempo, el Flamingo terminaría por convertirse en el negocio deslumbrante que había imaginado. Pero ese tiempo ya no existía.

La noche del 20 de junio de 1947, mientras leía el diario en el living de la casa de Virginia Hill, en Beverly Hills, una ráfaga de disparos atravesó la ventana y lo mató en segundos. Tenía 41 años.

“Bugsy Siegel fue asesinado a tiros en su casa de Beverly Hills”, tituló Los Angeles Times y lo presentó como una de las figuras más importantes del mundo criminalBugsy Siegel murió asesinado el 20 de junio de 1947 en Beverly HillsLa noticia tuvo amplia repercusión en los diarios y revistas de la épocaSiegel recibió varios disparos mientras estaba en la casa de su amante Virginia Hill. Su muerte nunca fue esclarecida oficialmente

Al día siguiente, su asesinato ocupó las portadas de los diarios, pero nunca apareció un culpable. Para la fiscalía de Los Ángeles, aunque no le faltaban enemigos, la orden debía haber salido de alguien de su círculo más cercano. Para muchos, la respuesta estaba en el hotel, el lugar donde Siegel había puesto sus mayores ambiciones. Un crimen que todavía hoy sigue sin resolverse.

Su vida inspiró la película Bugsy, de 1991, donde su papel estuvo interpretado por Warren Beatty.



Fuente: LA NACION (extraído usando lector RSS).



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